Castellano, (italiano in basso):

VIAJE.

Al rededor de cuatro horas de viaje, al paso del “Grillo”, nos llevan de la ciudad de San Luis a la inmensa vision del desierto de Wirikuta.
Salimos de la ciudad en nueve, y no podía ser compañía mejor. Solo dos de nosotros conocian el desierto, por cuanto se pueda llegar a conocer un lugar inmenso y sin ningún punto de referencia.
Juntos decidimos practicar una carretera no tan transitada, para evitar retenes (que aman parar a los hippies, y nuestro bus tiene toda la pinta) y lugares turísticos. Nos dirigimos a Estación Wadley y no a Real de Catorce.
A pesar de ser una carretera poco transitada la encontramos en muy buenas condiciones. Pasamos de la libre a Zacatecas a la carretera a Matehuala, para luego llegar al cruce que lleva a Las Margaritas. Solo aquí la ruta se hace mas difícil, desaparece el asfalto dejando espacio al camino de tierra, obviamente además de los muchos baches no podían faltar unos cuantos topes.
Las Margaritas es una pequeña comunidad a las puertas del desierto, su economía se basa en el transito de turistas y viajeros que se dirigen al desierto. Las construcciones son principalmente de adobe, ladrillos de tierra, arena, paja y estiércol. Es un paisaje hermosisimo, en donde la presencia del ser humano está e completa sintonía con el paisaje natural y sus ritmos. Estas casas, a cubo o cúpula, tienen el mismo color de la tierra y el material que las compone tiene las mejores calidades térmicas.
Estacionamos el bus en frente de la casa de Don Aurelio, un Huichol (mejor dicho Wixarika) del lugar, que ofrece de cuidar nuestro camión y nos comunica que la entrada al desierto no es gratuita, hay que pagar entrada. Es un gasto mínimo, pero a principio nos deja asombrados.
Contratamos un descuento, solo seis de nosotros pagan.
Don Aurelio nos entrega un ticket sellado por el gobierno federal y nos muestra el sendero. Israel, nuestro compañero que conoce el desierto, aconseja ir hacia el Bernalejo y nosotros lo seguimos sin tener la mínima idea de que fuese.

HACIA EL BERNALEJO.

Despues de cien metros en un sendero que se abre entre las plantas Israel se detiene, mira el horizonte y declara: “nos perdimos!”. A este punto todos nos sentimos autorizados a dar nuestra opinión sobre la dirección a seguir, decidimos volver al pueblo y pedir mas informaciones.
Caminando hacia Las Margaritas encontramos tres adultos, un bebé, dos perros y un gatito. Y sin mucha sorpresa dos de ellos son Italianos. Alessia y Filippo nos explican como llegar. Hablamos un idioma mixto entre italiano y castellano y logramos entender que no hay que seguir ningún sendero, si no que un punto exacto al horizonte. Tendríamos que pasar entre las plantas, nos aconsejan, el recorrido seria mas lindo y se verían mas especies de animales y plantas. En este momento uno de los perros empieza a llorar por una pelota de espinas que le entró al labio superior, esto nos hace entender una de las dificultades de caminar entre plantas no tan inofensivas. No renunciamos, nos fascina la idea de perdernos en este mágico desierto, las espinas nos fascinan un poco menos.
Nuestras mochilas pesan, sobre todo por el abastecimiento de agua, cada uno lleva entre cinco y diez litros, el sol del desierto no perdona, pero por suerte las nubes nos dan sombra por todo el camino. Muchos creen que este lugar se de cuenta de la presencia de personas, y interactua con estas.
Por todo el camino nos preguntamos como este lugar se pueda definir desierto. Hay una inmensa variedad de plantas en las 140’000 hectareas que componen Wirikuta. Además de un gran numero de cactáceas hay muchas otras plantas de varias dimensiones y especies, entre estas la omnipresente “gobernadora”, planta así definida por un fraile español por su particularidad de no dejar nacer otras plantas a su alrededor. La gobernadora además es una de las muy pocas plantas sin espinas de este desierto. En nuestro caminar nos daríamos cuenta que hay algunas especies de cactus que nacen solo a los pies de esta planta, entre estos el famoso Lophophora williamsii, un cactus sin espinas mejor conocido como Peyote. Este cactus resulta tener muchas propiedades, de hecho es sagrado según los wixarika y varias otras etnias y culturas tambien al exterior. El nombre wixarika del peyote es Hikuri o también Abuelo: la planta que guarda la esencia de la memoria, la comunicación con el inframundo y con el mundo interior de quien la consume. El Hikuri contiene una pequeña cantidad de mescalina.
Seguimos caminando entre los arbustos de gobernadora y el silencio del desierto, con la esperanza de que no sea una víbora cascabel a romper esta paz.
Hasta ahora la única amenaza son las largas espinas a anzuelo que penetran los musculos y duele mas en quitarlas.
Caminamos manteniendo el grupo bastante compacto, mirando aquel punto en el cerro que veiamos al horizonte, seguros de caminar hacia la justa dirección. Israel empieza a reconocer algo, también Richard, nuestro otro compañero, buen conocedor del desierto, mientras para nosotros todo parece ser igual.
Cerca de cuatro horas han pasado cuando cruzamos el cerro y nos volvemos a juntar al sendero, lo seguimos por un rato y finalmente Israel se detiene y sonríe, es un tipo de pocas palabras, pero se notan sus ojos felices de ver la silueta del Bernalejo. Nosotros no entendemos, solo es un pequeño cerro en el medio del desierto, pero observandolo bien se nota que es un lugar particular.
Ahora todo el cansancio empieza a sentirse en los hombros y las piernas, queremos llegar y explorar este lugar sin el peso de las mochilas.
Aceleramos y llegamos a los pies del Bernalejo, ya hay un circulo preparado para el fuego.

UN LUGAR SAGRADO.

No cabe duda que este sea uno de los lugares mas sagrados de Wirikuta, está compuesto por rocas muy grandes, y cada una está cubierta de cera, ofrendas y velas. Parece que los Wixarika paren aquí durante su peregrinaje al desierto y al cerro del quemado, la montaña que nace en el medio de esta región.
Parece que este lugar tan inmenso esté repleto de lugares sagrados, para nosotros es todo igual, mientras los Wixarika conocen cada esquina del desierto y del cerro del Quemado, la montaña sagrada.
Cada Huichol realiza por lo menos un peregrinaje cada año aquí, ellos son entre las etnias mas numerosas del país y están distribuidos por todo el centro de México, por esto un peregrinaje a pie puede tomar hasta dos meses. Actualmente se está haciendo siempre mas difícil para ellos a causa de la privatización de varias tierras en el recorrido.
A principio los Wixarica saltavan las rejas, pero ahora los dueños de estas tierras se hartaron y algunos empiezan a disparar, obligando a los Huicholes a agarrar un recorrido mucho mas largo o elegir un viaje en carro.
Desde el 2005 algunas empresas mineras de Canadá y Estados Unidos se han acercado al cerro del quemado en busqueda de minerales de los que resultó ser muy rico. Las ganancias serian muy altas. También los habitantes de esta zona y los Wixarika hicieron sus calculos, cuantificando el uso de agua potable que las mineras ocuparían para la extracción de minerales. Las empresas se justificaron diciendo que solo el 10% del agua que usarían seria potable, sin pero añadir a que este 10% equivaldría a matar al desierto y sus habitantes para extraer una cantidad de oro mínima.
Ahora nosotros, conociendo estos datos, entendemos el porque de cobrar entrada y nos resulta mas que justo financiar quien con todos sus esfuerzos esta buscando mantener este lugar incontaminado. Además quien encuentra empleo en cuidar el desierto sin duda se opondría a la minera.
El día empieza a abandonarnos y necesitamos buscar leña y organizar el campamento. Algunos de nosotros dejan ofrendas al desierto en el Bernalejo y nos dividimos. La noche nos da la bienvenida con todas sus estrellas, no hay luna y las estrellas fugaces son numerosas también por el fenómeno del pasaje de la cometa de Halley, tenemos suerte, todas las condiciones son favorables para disfrutar el desierto lo mas que se puede.
Sentados miramos el fuego, en silencio, acompañados por el aullido de los coyotes.
“Quien tenga que orinar que lo haga al rededor del campamento, ayuda a alejar los animales peligrosos.” sugiere Israel.
Caímos en el sueño mas profundo, felices de estar aquí, mañana exploraremos este desierto tan lleno de vida.

SIGUE…

(Per fruitori svogliati, galleria di foto a fine post! )

IN VIAGGIO.

A circa quattro ore e mezzo (a passo del Grillo) dalla città di San Luis Potosi si inizia a vedere l’immenso deserto di Wirikuta.
Siamo partiti dalla città in nove, tra conoscenti, amici e sconosciuti non potevamo formare compagnia migliore. Solo due di noi conoscevano il deserto, per quanto si possa avere conoscenza di un luogo immenso privo completamente di riferimenti.
Abbiamo deciso di percorrere una strada non tanto battuta da chi vi si dirige, per evitare posti di blocco (golosi di fricchettoni, e noi nel nostro bus ne abbiamo tutte le caratteristiche) e orde di turisti. Nonostante fosse poco frequentato, il percorso era in ottime condizioni. Si passa dall’autostrada libera a Zacatecas, alla strada per Matehuala per poi arrivare allo svincolo per Las Margaritas. Qui le cose si complicano, l’asfalto scompare e si apre davanti ai nostri occhi la strada bianca piena di buche e gli immancabili rallentatori.
Las Margaritas è un piccolo villaggio, la cui economia si basa sull’ afflusso di turisti e viandanti che si inoltrano nel deserto. Le case sono tutte di “Adobe”, mattoncini di terra, sabbia, paglia e sterco. E’ un paesaggio bellissimo, in cui la presenza dell’uomo non stona affatto con i ritmi naturali. Le case, a forma di cubo o cupola, hanno lo stesso colore della terra e il materiale che le compone ha delle ottime qualità termiche.
Abbiamo parcheggiato il bus davanti la casa di Don Aurelio, il quale si offre di tenerlo d’occhio e ci comunica che l’entrata al deserto non è gratuita, bisogna pagare un biglietto d’ingresso. Il costo è minimo, ma comunque suona a fregatura. Contrattiamo uno sconto, sei di noi pagano e gli altri gratis. Don Aurelio ci consegna un biglietto con tanto di timbri federali e ci indica la via. Israel, che già conosce la zona, dice che è meglio andare verso il “Bernalejo” e noi lo seguiamo non avendo la minima idea di cosa fosse.

VERSO IL BERNALEJO.

Dopo circa cento metri di cammino su un sentiero che si fa spazio tra le piante Israel si ferma a scrutare l’orizzonte. “Ci siamo persi.” dichiara. Perfetto, la nostra guida è incasinata! A questo punto tutti ci sentiamo autorizzati a opinare riguardo il da farsi, decidiamo di tornare in paese e farci spiegare bene. Mentre camminiamo incontriamo tre adulti, un neonato, due cani e un gattino. Sorpresa (neanche tanto ormai) due sono italiani. Alessia e Filippo senza stupirsi troppo ci indicano la via, parliamo una lingua mista tra italiano e spagnolo e riusciamo a capire che non bisogna seguire il sentiero, ma passare tra i cactus e puntare a un valico nella collina di fronte a noi, a pochi chilometri. Ci dicono che passare tra le piante è più bello, si vede un’infinita varietà di cactus, intanto il loro cane inizia a lamentarsi a causa di una palla di spine lunghissime infilatasi nel muso…
Ma noi non demordiamo, siamo affascinati dall’idea di perderci, un po’ meno dalle spine.
I nostri zaini pesano soprattutto per le provviste d’acqua, ognuno ne porta tra i cinque e i dieci litri, il sole del deserto non perdona, ma fortunatamente le nuvole ci danno ombra per tutto il cammino. Molti credono che questo deserto si renda conto della presenza di persone, e interagisca con queste.
Per tutto il cammino ci chiediamo come sia possibile dichiarare desertico questo luogo. Vi è un’ immensa varietà di piante nei 140 mila ettari che comprende Wirikuta. Oltre a un gran numero di cactus vi sono altre piante di diverse dimensioni e specie, tra queste vi è l’onnipresente “gobernadora”, definita con questo nome da un frate spagnolo vista la sua particolarità di non far crescere altre piante intorno a lei. La gobernadora tra l’altro è una delle poche piante senza spine. Durante il cammino avremo modo di capire che ci sono alcune specie di cactus che crescono e trovano riparo ai suoi piedi, tra questi il più famoso è la Lophophora williamsii, un cactus senza spine meglio conosciuto come Peyote. Questo cactus risulta avere molte proprietà, viene infatti definito sacro per l’etnia Huichol, o meglio Wixarica. Il nome Wixarica del peyote è Hikuri o anche “abuelo” (nonno). La pianta che conserva in se l’essenza della memoria, la comunicazione con gli avi e con l’aldilà e la visione di se stessi. Il peyote ha una piccola concentrazione di mescalina.
Continuiamo a camminare tra gli arbusti di gobernadora e il silenzio del deserto, sperando che questo non venga mai rotto dalle maracas di un serpente a sonagli. Per ora l’unica minaccia sono le lunghe spine a uncino che fanno più male a toglierle e a volte lasciano schegge in profondità.
Procediamo più o meno compatti, sicuri che quella fosse la strada giusta. Israel inizia a ricordare qualcosa, e anche Richard, un nostro compagno italiano, dichiara di riconoscere dei luoghi, a noi altri invece sembra tutto uguale.
Dopo circa quattro ore valichiamo la collina e ci ricongiungiamo a una strada, la seguiamo per un po’ e finalmente Israel si ferma, scruta l’orizzonte e sorride, non è un tipo loquace, ma si nota la sua felicità nell’intravedere il Bernalejo. Noi non capiamo, si tratta semplicemente di una collinetta in mezzo al deserto, ma riflettendoci bene è l’unica che abbiamo incontrato fin’ora. Stremati acceleriamo il passo, non vediamo l’ora di arrivare ed esplorare questo luogo senza il peso sulle spalle. Arriviamo ai piedi del bernalejo e ci troviamo già un punto fuoco preparato.

UN LUOGO SACRO.

Il bernalejo è palesemente uno dei tanti luoghi sacri di wirikuta, è ricoperto di candele, simboli e offerte. Sembra che i wixarika si fermino qui durante il loro pellegrinaggio al deserto.
Sembra impossibile, ma questi 140.000 ettari sono disseminati di luoghi sacri. I wixarika conoscono ogni angolo del deserto e dell’imponente montagna del Quemado, la montagna sacra che potrebbe essere ricollegata al famoso film di Jodorowsky.
Ogni Huichol realizza almeno un pellegrinaggio l’anno a Wirikuta, essendo una delle etnie più numerose del paese, vivono disseminati in tutti gli stati del Messico centrale, di conseguenza un pellegrinaggio a piedi può durare anche due mesi. Attualmente si sta facendo sempre più difficile percorrere a piedi il cammino vista la privatizzazione di molte terre. Inizialmente i wixarika scavalcavano il filo spinato, ma ora i proprietari si sono stufati e alcuni iniziano a sparare a vista, obbligando i huicholes a dover allungare il loro percorso o ad optare per un pellegrinaggio in auto.
Dal 2005 alcune società’ minerarie canadesi e statunitensi hanno iniziato a dimostrare interesse nei confronti della montagna del Quemado, estraendo dei campioni e calcolando i guadagni. Anche gli abitanti della zona e i wixarika hanno fatto i loro calcoli, quantificando l’uso che quelle miniere farebbero dell’acqua potabile dell’area. Le compagnie dichiarano che solo il 10% del’acqua che utilizzerebbero è potabile, senza pero’ aggiungere che l’uso di quel 10% equivale a uccidere il deserto per ottenere, tra i vari metalli, un quantitativo d’oro non più grande di due metri cubici.
Ora comprendiamo quel farci pagare per entrare al deserto e ci risulta più che giusto finanziare qualcuno per mantenere equilibrio nella natura e soprattutto per non fargli venire la voglia di andare a lavorare in miniera ma opporsi ad essa con tutte le forze.
Il giorno inizia ad abbandonarci e occorre fare legna e montare l’accampamento. Alcuni di noi depositano le loro offerte al deserto nel bernalejo e ci dividiamo. La notte ci accoglie e il cielo è una coperta di stelle, numerose le stelle cadenti visto il passaggio della cometa di Halley, siamo fortunati, tutte le condizioni sono favorevoli per goderci il deserto al meglio.
Stiamo seduti a guardare il fuoco in silenzio, accompagnati dagli ululati dei coyote, a volte si avvertono anche dei cuccioli che giocano. “Chi ha bisogno di orinare lo faccia qui intorno, dobbiamo creare un cerchio per tenere lontani scorpioni e serpenti.” suggerisce Israel.
Cadiamo nel sonno nella più completa felicità, domani esploreremo più a fondo questo deserto pieno di vita.

CONTINUA…

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