Por Alexia Chavez
Fotos: la banda

El Pueblo Mágico de El Oro nos recibió con frío y nos despertó muy temprano con oficiales de la policía del municipio tocando a la puerta del autobús.

– Buenos días ¿Hay alguien?

– Buenos días oficial ¿Pasa algo?

– Lo que pasa es que se tienen que mover de aquí porque hoy es día de tianguis y si no se van a quedar encerrados aquí por los puestos.

Apurados y todavía a medio dormir y sin levantar las camas, la tripulación se acomodó en el bus mientras Alessandro prendía el motor y agradecía a los policías por la información.

– Pueden estacionarse adelante, cerca del mercado. Ahí no hay problema.

– ¡Perfecto! Muchas gracias.

Los comerciantes que habían madrugado, ya tenían parte de los puestos y mercancías de un colorido tianguis instalado. Por un momento el chofer y la tripulación nos preocupamos por si el Grillo lograría pasar sin llevarse los mecates y lonas que ya habían empezado a colocar los vendedores.

– No va a pasar El Grillo. Se va a atorar con los mecates arriba.

– Sí pasa. Click.

Con chiflidos, los vendedores dirigieron al Grillo y amablemente despejaron con palos los mecates que estorbaban el tránsito del autobús. Nos estacionamos unos metros adelante, cerca de un vagón de tren que ahora funciona como restaurante.

– Aquí parece un buen lugar para quedarnos.

– Ahí está el mercado. Podemos buscar de desayunar y ver un poco del pueblo y luego salir para Morelia.

De acuerdo con la recomendación de Alessandro, la tripulación levantó camas, dobló cobijas y guardó bolsas de dormir. Salimos a buscar baños y explorar el Pueblo declarado Mágico en el 2011.

Al pie de a las montañas y ubicado en los límites del Estado de México con Michoacán. El Oro es un pintoresco pueblito con influencia europea fundado en el siglo XVIII. Según explicaba una placa colocada en una de las calles empedradas del lugar.

No es difícil adivinar, que el municipio mexiquense le debe su nombre a que fue una de las zonas mineras de extracción de oro más importantes del país. Algunas fuentes aseguran que su explotación fue tan grande y significativa que las minas fueron consideradas las segundas más ricas en el mundo. Tan solo después de las sudafricanas de Transvaal.

Encontramos sanitarios en el Mercado Álvaro Obregón. Por la hora, apenas estaban abriendo los comercios para desayunar. Por lo que parte de la tripulación decidió comer conejo en el “Vagón Express Minero Restaurant”.

Después de desayunar, nos encontramos para dar un recorrido por el lugar. Varios habitantes de El Oro nos recomendaron visitar el Museo de Minería para entender un poco más sobre la historia del lugar.

– ¿Ya fueron al Museo de Minería? Le preguntó un vecino de la calle dónde estaba estacionado El Grillo, a Rashide.

– No, ya fueron a ver, pero no está abierto hoy.

– Entonces vayan a ver el Palacio Municipal, es único en el país.

El Palacio Municipal del que habló el señor José, es único por su arquitectura con mucha influencia inglesa estilo neoclásico y art noveau. Un último recorrido para tomar las últimas fotos del pueblito. Antes de ir a buscar el panteón inglés que recomendaron visitar los amigos en Morelia.

Nos indicaron hacía dónde ir al panteón. Algunas calles hacía arriba. Deteniéndonos a descansar un poco cada que avanzábamos, por la altura del lugar que nos fatigaba. Finalmente llegamos a un cementerio, que no era el inglés; si no el Panteón Municipal Dolores.

Apenas unas pocas familias se reunían en el lugar para empezar a adornar las tumbas de sus difuntos. Que según una leyenda que contó Rashide al grupo, anteriormente, en cada sepulcro, había crecido un árbol.

– Oiga Don es cierto que en cada tumba crecía un árbol o cómo es la historia. Le preguntó Rashide al encargado del cementerio.

– Eso decían, por eso hay muchos. Pero ahorita ya no, ya hay más tumbas que árboles. Hay muchas que están abandonadas, ya nunca regresó la familia y pues ahí no hay nada.

El encargado nos contó que había varios árboles partidos porque les habían caído rayos. Aclaró que era mentira que hubiese una tumba con una guija y que la gente se reuniera ahí a jugarla. Tomamos algunas fotos y volvimos al autobús a alcanzar a Maya y el Señor Click que decidieron esperar en el autobús.

Acomodamos todo en su lugar. Tomamos asientos. Buscamos la mejor ruta y partimos con rumbo a Morelia

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